Margarita Salas: la mujer que sembró la biología molecular en España
Por mucho tiempo, la ciencia española tuvo pocas voces propias y aún menos rostros femeninos. En ese panorama, la figura de Margarita Salas Falgueras (1938–2019) destaca como una fuerza transformadora. Bioquímica rigurosa, mente brillante y maestra incansable, Margarita no solo abrió camino: lo creó desde cero, dando forma al nacimiento de la biología molecular en España.
Su legado científico, institucional y humano es tan vasto que hoy lleva su nombre un instituto del CSIC, calles, centros educativos, una milla de conocimiento, un sello de Correos, e incluso una especie marina. Pero su mayor huella late en los laboratorios, en la biotecnología moderna y en las generaciones de científicas y científicos a quienes enseñó a pensar experimentalmente.
Imagen 1. Margarita Salas. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Margarita_Salas#/media/Archivo:Margarita_Salas_Falgueras.jpg
Los orígenes de una vocación
Margarita nació en Canero (Asturias), en una familia donde la ciencia ya era parte del aire cotidiano: su padre era psiquiatra y neurólogo; su madre, maestra; sus hermanos, también científicos. A los tres años comenzó a estudiar en el Colegio de la Asunción en Gijón, donde desarrolló un gusto natural por la química.
En 1958, un encuentro cambiaría su vida: conoció a Severo Ochoa, un nombre que entonces ya resonaba en los círculos científicos y que más tarde recibiría el Premio Nobel. Ochoa fue un impulso decisivo, orientándola hacia la bioquímica en un momento en el que la ciencia española despertaba pero aún carecía de estructuras sólidas.
Formarse en un país sin ciencia… y volver para construirla
Tras licenciarse con sobresaliente y completar su tesis bajo la dirección del bioquímico Alberto Sols, Margarita viajó en 1964 a Estados Unidos junto con su marido, el también científico Eladio Viñuela. Allí trabajó durante tres años en el laboratorio de Severo Ochoa, en Nueva York.
A menudo describía aquella etapa como “una de las mejores de mi vida”, donde descubrió una forma de hacer ciencia basada en la libertad intelectual, la colaboración y la rigurosidad absoluta.
Cuando regresó a España en 1967, impulsada por financiación estadounidense, se encontró con una realidad distinta: aquí su nombre no era conocido, y su trabajo era percibido solo bajo la sombra de su marido. Ella misma contaba que muchos asumían que la científica era él y no ella.
Pero, como diría más tarde, “ser la primera no tiene mérito; nadie lo había hecho antes”.
Y así empezó a construir, casi desde cero, un campo entero.
El fago Φ29: un virus diminuto, una revolución molecular
La aportación científica más célebre de Margarita Salas es el descubrimiento y la caracterización de la ADN polimerasa del bacteriófago Φ29, un virus que infecta Bacillus subtilis.
Esta enzima, extraordinariamente eficiente y fiel, permitió desarrollar técnicas de amplificación de ADN que se convirtieron en herramientas fundamentales de la biotecnología moderna: desde diagnóstico molecular hasta análisis forense, pasando por secuenciación.
Durante la pandemia de 2020, España impulsó un proyecto para usarla en métodos de detección del SARS-CoV-2. Una muestra más de que su trabajo sigue vivo y útil décadas después.
Pero su contribución no se limita a esta enzima. Entre sus hallazgos destacan:
- Determinación de que la lectura genética ocurre en la dirección 5’ a 3’.
- Identificación del codón UAA como señal de terminación.
- Descubrimiento de una glucoquinasa hepática dependiente de insulina.
- Estudios sobre proteínas reguladoras del fago Φ29.
- Más de 350 publicaciones
- 8 patentes
- Más de 400 conferencias
Margarita definió, con paciencia y rigor, la base molecular de procesos esenciales.
Maestra, mentora y referente
Si algo distinguió a Margarita fue su capacidad para formar científicos. En su laboratorio del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM) se formaron figuras clave como María Blasco, Manuel Serrano, Marisol Soengas o Jesús Ávila.
Su liderazgo se basaba en la exigencia, pero también en la cercanía. Quería que los jóvenes aprendieran a pensar, no solo a ejecutar. Y siempre buscó inspirar a más mujeres a entrar en un campo que durante décadas les estuvo vedado.
Primera en todo… en tiempos en que eso significaba romper barreras
Margarita superó prejuicios estructurales que hoy resultan difíciles de imaginar. Recordaba que, al comenzar su tesis, Alberto Sols le dio un proyecto “menor” por si no podía sacarlo adelante, reconociendo años después que había sido un sesgo de época.
Aun así, Margarita se abrió camino sin estridencias, pero con resultados. Fue:
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La primera mujer española miembro de la National Academy of Sciences de EE.UU.
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La primera mujer en recibir la Medalla Echegaray, el mayor reconocimiento científico en España.
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Una de las mujeres más premiadas del país, con distinciones nacionales e internacionales.
También ocupó la silla “i” de la Real Academia Española, porque para ella la ciencia y el lenguaje eran disciplinas profundamente conectadas.
Un legado que no se apaga
Durante sus últimos años continuó trabajando como profesora ad honorem en el CSIC. Falleció en 2019, dejando atrás una obra monumental y una comunidad científica que la reconoce como la pionera que dio a España su biología molecular.
Hoy su nombre aparece en:
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Institutos de educación y centros de investigación.
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Calles y espacios de divulgación.
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Programas de formación, becas, premios y proyectos.
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El Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC: Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas.
Imagen 3. Fago Φ29. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Fago_%CE%A629#/media/Archivo:Bacillus_phage_phi29.jpg
Y, sobre todo, en cada laboratorio donde aún se usa, adapta o reimagina la ADN polimerasa Φ29.
Conclusión
Margarita Salas no solo hizo ciencia; hizo que la ciencia fuese posible. Construyó estructuras, impulsó talento, abrió puertas y generó conocimiento que sigue siendo indispensable. Toda una vida dedicada a demostrar que la excelencia científica no es patrimonio de un país, de un género, ni de un momento histórico: es decisión, constancia y visión.
Su historia es una invitación a seguir explorando, preguntando, investigando. A seguir sembrando, como ella, ciencia que perdure. Podéis conocer su historia y la de otros muchos científicos aquí.
Para acabar, Margarita Salas admiraba profundamente a Rita Levi-Montalcini (la cual podéis descubrir aquí), considerándola una gran inspiración por su dedicación incansable a la investigación y su pasión por la ciencia hasta el final de su vida, queriendo ser como ella: una científica que trabajaba por el progreso hasta el último suspiro, sin jubilación, siendo un modelo de cómo no debe haber discriminación por edad o género en la ciencia, y destacando su energía y entusiasmo intactos.
Artículo escrito y editado por Ammu.

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