Ana María Lajusticia: de la química de posguerra a icono popular de la nutrición en España
En un país que reconstruía su identidad científica tras la Guerra Civil, surgió la figura de Ana María Lajusticia Bergasa (1924–2024). Química, divulgadora y empresaria, supo conectar como pocas personas con el interés del gran público por la nutrición y el bienestar. Su historia se mueve entre la ciencia académica, la intuición personal y el fenómeno social que acabó generando su marca.
Este artículo repasa su recorrido vital y profesional, buscando situarla en su contexto histórico y valorar con mirada crítica —pero justa— su impacto divulgativo.
Una científica nacida entre guerras
Ana María Lajusticia nació en Bilbao en 1924, en una España marcada por profundos contrastastes sociales y culturales. Su infancia feliz se vio pronto alterada por la Guerra Civil (1936–1939) y, tras la muerte de su padre en 1937, se sintió impulsada a estudiar para contribuir a la economía familiar.
En 1941, con apenas 17 años, ingresó en la carrera de Química en Madrid, una decisión nada común para una mujer de su época. En plena posguerra, cursar ciencias era casi un acto de resistencia intelectual. Podéis aprender más sobre la química como ciencia.
De las minas catalanas a su propia batalla personal
Tras licenciarse, se trasladó a Girona para trabajar en las Minas de Osor, donde también conocería a su futuro esposo. Con 43 años le diagnosticaron diabetes tipo II, lo que la llevó a replantearse su alimentación y estilo de vida.
Aseguró que un cambio dietético y un mayor aporte de magnesio fueron determinantes en la mejora de su salud, especialmente de la artrosis severa que la obligó a llevar un corsé ortopédico durante más de dos décadas. Aquella experiencia personal fue el germen de su futura cruzada divulgativa.
El nacimiento de un fenómeno: la marca Lajusticia
En 1980 fundó su propia línea de complementos alimenticios, con su nombre e imagen. Su mensaje, directo y basado en explicaciones bioquímicas simplificadas, conectó con miles de personas que buscaban soluciones accesibles para problemas cotidianos: cansancio, articulaciones, déficit de minerales…
Su presencia en medios creció, y llegó incluso al mítico programa La clave, donde protagonizó un debate intenso con Francisco Grande Covián, uno de los mayores referentes de la nutrición científica en España. Aquel enfrentamiento puso sobre la mesa la tensión —aún vigente— entre la nutrición basada en evidencia y la popularización de suplementos sin respaldo clínico sólido.
Imagen 2. Logo de la empresa que fundo.
Divulgadora, escritora y símbolo cultural
Entre los años 70 y 2000, Lajusticia publicó más de una decena de libros, varios de ellos convertidos en auténticos best sellers, como:
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El Magnesio, clave para la salud
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La artrosis y su solución
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Dietas a la carta
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Colesterol y triglicéridos
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Vencer la osteoporosis
Su estilo era claro, directo, con un fuerte componente práctico. Para muchos lectores, supuso un primer acercamiento a la nutrición y a la bioquímica del día a día. Para otros, sin embargo, su discurso simplificaba en exceso conceptos complejos o atribuía beneficios no demostrados científicamente.
Lo cierto es que, de un modo u otro, marcó una época.
Reconocimientos y legado
A lo largo de su vida recibió varios premios, como:
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Premio Muncunill (2018) por su esfuerzo innovador.
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Insignia de oro y brillante de la Asociación de Químicos e Ingenieros Químicos de Madrid (2021).
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Premio de Honor Women Evolution (2019) por su trayectoria profesional.
Falleció en Barcelona en 2024, a los 100 años. Su figura deja un legado complejo pero indudablemente influyente:
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Democratizó la conversación sobre nutrición en España.
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Inspiró a generaciones a interesarse por la bioquímica cotidiana.
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Mostró el potencial empresarial de la divulgación.
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Y también nos recuerda la importancia de un debate público informado, donde la evidencia científica sea el eje.
Una valoración desde la divulgación actual
Hoy, desde una divulgación más crítica y basada en evidencia, su figura se puede comprender así:
A favor
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Fue pionera como mujer científica y divulgadora en un contexto adverso.
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Acercó conceptos de química y nutrición a un público poco familiarizado con ellos.
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Entendió muy pronto la importancia social de la salud y el autocuidado.
Con matices necesarios
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Muchos de los beneficios saludables que atribuía al magnesio no contaban con pruebas clínicas sólidas.
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Su popularidad generó confusiones entre evidencia, experiencia personal y marketing.
Aun así, su impacto cultural y su contribución a la conversación sobre nutrición son innegables. En una época donde la divulgación científica estaba lejos de ser tendencia, Ana María Lajusticia abrió una puerta.
Imagen 4. Ana María en una de sus muchas entrevistas.
Conclusión
Ana María Lajusticia no solo fue una química que popularizó el magnesio. Fue una mujer que, desde su experiencia personal y formación científica, supo conectar con la preocupación social por la salud, convirtiéndose en una divulgadora tan influyente como controvertida. Su historia forma parte del paisaje científico y cultural de la España contemporánea.




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